lunes, 12 de noviembre de 2012

Entre la militancia amante y la oposición odiante


El amor, para ser amante, precisa de un sujeto para amar. En cambio el odio, para ser odiante, puede ser difuso, aunque se proyecte sobre un objeto concreto en quien descarga toda su agresividad reprimida. La erótica se desenvuelve en deseo que se transforma en gestos de ternura o de pasión. En cambio,el odio deviene en impulso destructivo sin una dirección determinada, no le importa lo que vendrá después, sino el des-hacer lo que “en el hoy” lo perturba. No tiene propuestas ni las busca, pues su satisfacción se encuentra en la destrucción de un otro. Por Martín Omar Aveiro
A propósito, asistimos, hace algunos días, a una de las tantas manifestaciones opositoras que ha tenido que sortear el Gobierno Nacional. Y, otra vez, los reclamos eran confusos, asentados en la negatividad más que en la pro-positividad. Algunos cargados de rencor y, otros, carentes de fundamentos. Sin representación, por tanto, sin sujeto a quien expresarle sus simpatías. Del otro lado, frente a sus televisores o redes sociales, la militancia organizada, unida en lo diverso, se entristecía ante el egoísmo de algunos sectores sociales. Pero como así es la historia de la humanidad, que se juega entre el amor y el odio, fortaleció su corazón para volver a reunirse.
Así, este último sábado, en un lugar muy simbólico para quienes nos graduados en la Universidad Nacional de Cuyo, se realizó el plenario de La Corriente de la Militancia. Fue en el comedor universitario, donde íbamos a comer sopa (que era gratuita) con un grupo de compañeros de curso durante el 2001 y a donde llegábamos caminando porque no teníamos ni para el bondi. Allí, en donde los estudiantes junto con los trabajadores comparten el pan, se vivió un clima intenso, cargado de emociones, aquellas que produce el encuentro amable. En la mesa de conducción estaba el líder del movimiento en Mendoza, dip. Guillermo Carmona; el gran dirigente santafesino, dip. Agustín Rossi; además de los diputados nacionales Mario Oporto y Anabel Sagasti. En el marco de una concurrida cantidad de personas de agrupaciones, barrios y organizaciones sociales, de las que se destacaban las asociaciones de jubilados.
Predominó la alegría y las propuestas, dos de ellas claves: estricto cumplimiento de la Ley de Medios Audiovisuales y Reforma de la Carta Magna mendocina. Sin embargo, no fue de lo único que se habló, pues una vez finalizados los discursos,las mesas distribuidas por todo el salónse dispusieron en comisiones de trabajo donde analizaron un documento y debatieron sobre tres cuestiones: la situación actual, que falta hacer y cómo tenemos que hacerlo. Es decir, el empeño estuvo puesto en el hacer, que como sabemos es mejor que el puro decir o criticar.
Entretanto, se compartían unos deliciosos choripanes, para escandalo de algunas señoras refinadas o para señores con cara de enojo, y las barriadas aprovechaban para sacarse fotos con Rossi o con Carmona. Se escuchó la marchita peronista, se proyectó un video y para finalizar cada comisión leyó sus conclusiones, que fueron escuchadas y aplaudidas por los asistentes. Es que, para los presentes, defender y profundizar los logros obtenidos, desde el 2003 en adelante, es una cuestión vital, no un mero exotismo como el de quien quiere comprar dólares o dice tener cercenada su libertad porque tiene que llenar un formulario de la AFIP para salir del país. De hecho, para la militancia amante un comedor universitario tiene que ser un lugar donde compartir el pan amablemente y no un refugio de los que casi se caen del sistema y sobreviven de la sopa gratuita. No comprender esto es estar encerrados en una oposición odiante, si bien estamos convencidos de que el amor, finalmente, vence al odio.

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