10.11.2012
| MIRADA lV
quedó una sensación de alivio general
Ganó Obama y la sensación de alivio fue manifiesta en amplios sectores de la política mundial. Resalto la palabra "sensación" en mi afirmación inicial.
Que el alivio sea efectivo en las acciones e
intervenciones militares, políticas y económicas que en el futuro
Estados Unidos promueva en el mundo resulta razonablemente dudosa si
atendemos a las actuales circunstancias. Las dudas provienen de
interrogantes en la propia política estadounidense y en su proceso
electoral: ¿cuáles son las claves del triunfo de Obama?, ¿los
compromisos electorales asumidos por Obama pueden significar cambios de
orientación en las políticas adoptadas en su actual gobierno?, ¿la
política exterior de Estados Unidos, especialmente respecto de América
Latina, puede tener algún giro positivo como consecuencia del resultado
electoral?
Si la prioridad de Obama pasara por cumplir con quienes lo acompañaron electoralmente, su gobierno debería adoptar un perfil económicamente más neokeynesiano, socialmente más distribucionista e inclusivo, políticamente más progresista. La clave del triunfo parece estar centrada en dos variables: el voto urbano, principalmente, y suburbano en menor medida, por una parte; y el voto étnico con un definitorio aporte de latinos y de afrodescendientes, por la otra. Romney asustó con sus desmanes ultraconservadores, con sus consignas de programas de ajuste a políticas sociales y sanitarias y con su perfil elitista, y Obama capitalizó el rechazo aún mayoritario a esas posiciones en ciudades y sectores donde la política de los demócratas ha calado hondo por su carácter algo más inclusivo. Si una de las preocupaciones del Presidente Obama fuera crear condiciones para una sucesión en manos de un demócrata debería buscar consolidar ese caudal de adhesiones ya existente. Puede no hacerlo, a riesgo de la pérdida de credibilidad que esto generaría en millones de estadounidenses pobres y de sectores medios que lo acompañaron. Mi impresión es que el margen de acción del ganador es sumamente acotado y que las condiciones económicas no lo ayudan. Tendrá que ser audaz y al mismo tiempo muy perceptivo. A Obama le llegó el tiempo de demostrar que su camino es el del cambio.
El giro positivo en la política estadounidense hacia América Latina no parece sencillo. En la Cumbre de las Américas de Cartagena de Indias se pidió que no se excluya a Cuba de las Cumbres de Presidentes, que EE UU y Canadá modifiquen su posición sobre Malvinas, que se reformule un sistema internacional en Naciones Unidas más democrático, especialmente en el Consejo de Seguridad. Allí estará Argentina pronto como miembro no permanente, reclamando su modificación según lo planteado reiteradamente por la presidenta.
La clave para nosotros está en el fortalecimiento regional: Unasur, Mercosur y CELAC nos hacen fuertes para enfrentar los desafíos de una relación que siempre fue asimétrica. En esto Argentina, Sudamérica y Latinoamérica tienen mucho por ganar, mucho más que lo que Estados Unidos puede perder de aquí en más.
Si la prioridad de Obama pasara por cumplir con quienes lo acompañaron electoralmente, su gobierno debería adoptar un perfil económicamente más neokeynesiano, socialmente más distribucionista e inclusivo, políticamente más progresista. La clave del triunfo parece estar centrada en dos variables: el voto urbano, principalmente, y suburbano en menor medida, por una parte; y el voto étnico con un definitorio aporte de latinos y de afrodescendientes, por la otra. Romney asustó con sus desmanes ultraconservadores, con sus consignas de programas de ajuste a políticas sociales y sanitarias y con su perfil elitista, y Obama capitalizó el rechazo aún mayoritario a esas posiciones en ciudades y sectores donde la política de los demócratas ha calado hondo por su carácter algo más inclusivo. Si una de las preocupaciones del Presidente Obama fuera crear condiciones para una sucesión en manos de un demócrata debería buscar consolidar ese caudal de adhesiones ya existente. Puede no hacerlo, a riesgo de la pérdida de credibilidad que esto generaría en millones de estadounidenses pobres y de sectores medios que lo acompañaron. Mi impresión es que el margen de acción del ganador es sumamente acotado y que las condiciones económicas no lo ayudan. Tendrá que ser audaz y al mismo tiempo muy perceptivo. A Obama le llegó el tiempo de demostrar que su camino es el del cambio.
El giro positivo en la política estadounidense hacia América Latina no parece sencillo. En la Cumbre de las Américas de Cartagena de Indias se pidió que no se excluya a Cuba de las Cumbres de Presidentes, que EE UU y Canadá modifiquen su posición sobre Malvinas, que se reformule un sistema internacional en Naciones Unidas más democrático, especialmente en el Consejo de Seguridad. Allí estará Argentina pronto como miembro no permanente, reclamando su modificación según lo planteado reiteradamente por la presidenta.
La clave para nosotros está en el fortalecimiento regional: Unasur, Mercosur y CELAC nos hacen fuertes para enfrentar los desafíos de una relación que siempre fue asimétrica. En esto Argentina, Sudamérica y Latinoamérica tienen mucho por ganar, mucho más que lo que Estados Unidos puede perder de aquí en más.
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